El agua que nos proporciona, en sus distintas formas, la naturaleza,
no reúne los requisitos para ser consumida de forma directa por el ser
humano, debido a la contaminación que contiene. Para lograr la calidad
satisfactoria en el agua, y que ésta sea potable, se realizan
destilaciones u otros procesos de purificación.
El agua puede contaminarse de diferentes formas, aunque la más común
en la actualidad es mediante descarga de agua servida o cloacas de áreas
urbanas en ríos y arroyos.
Otros focos de contaminación de las aguas son los desechos orgánicos
provenientes de mataderos de ganado o de aves. El procesamiento de
frutas y vegetales requiere grandes cantidades de agua para el lavado,
el pelado y blanqueado, lo que produce gran cantidad de agua servida con
alto contenido orgánico.
Estas concentraciones de materia orgánica originan un alto porcentaje
de fosfatos en el agua de los ríos o arroyos en que se descargan. Estos
fosfatos ocasionan un rápido crecimiento en la población de algas. Las
algas utilizan el oxígeno en gran cantidad, lo que hace que disminuya en
el agua la concentración necesaria de éste para permitir la respiración
de los animales acuáticos, causando su muerte.
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